¿Vacunarse o no?, he ahí el dilema: un enfoque heurístico



El tema de las vacunas es más complejo y extenso de lo que quisiéramos y de lo que quizás podríamos llegar a comprender algún día. Sus implicaciones abarcan y rebasan los planos molecular, celular, químico, bioquímico, genético, social, ético, financiero, cultural, comercial, por sólo mencionar algunos. Por lo tanto no me detendré en detalles como su evolución histórica y mecanismos de acción detallados. Este artículo pretende ser netamente de opinión, basada en la revisión de aspectos clave, esbozar su posible interconexión y proponer una interpretación de un escenario actual.

¿Qué es una vacuna?

Según la Real Academia Española, una de las acepciones de “vacuna” es la siguiente: “Preparado de antígenos que, aplicado a un organismo, provoca en él una respuesta de defensa”; y respecto al verbo “Vacunar” señala lo siguiente: “Inocular una vacuna a una persona o a un animal para provocar en ellos una respuesta de defensa y preservarlos de una enfermedad determinada”.

Una vacuna generalmente es reconocida como una sustancia que al ser administrada o “colocada” a un individuo lo protege preventivamente del posible ataque de uno o más microorganismos patógenos (es decir, causantes de enfermedades), tales como virus o bacterias. En este sentido, el concepto tradicional de “vacuna” se refiere a la inoculación, o “administración”, en el sentido farmacéutico de la palabra, en el organismo del que la recibe, de un preparado que contiene una determinada cantidad de estos microorganismos (o agentes infecciosos), previamente debilitados o inactivados, con la finalidad de promover el desarrollo de una respuesta inmunitaria efectiva por parte del sistema inmunológico del huésped (o receptor). En el lenguaje técnico la parte del agente infeccioso que activa la respuesta inmune recibe el nombre de “antígeno” y para que la respuesta inmunitaria tenga lugar, el sistema inmunológico del individuo tiene que lograr reconocer dicho antígeno para poder sintetizar los correspondientes anticuerpos específicos y de este modo darle la oportunidad al organismo de llevar a cabo su propia defensa.

Durante el proceso de manufactura de las vacunas se deben obtener grandes cantidades de cepas determinadas de estos microorganismos patogénicos, y para lograrlo se cultivan en tejidos de ciertos órganos de determinados animales, tales como ratas, monos, entre otros. Estos animales, a su vez, también deben ser reproducidos y criados bajo condiciones controladas en bioterios diseñados y gestionados para este fin. En estos bioterios se cría un gran número de estos animales con características físicas que deben cumplir las especificaciones técnicas requeridas según el tipo de cultivo que se desee. Una vez que los animales tienen el peso y demás condiciones establecidas son sacrificados para extraer los tejidos según el órgano especificado (pulmón, riñón, cerebro, etc.). Luego, con estos tejidos se procede a preparar las líneas celulares que serán utilizadas como medios de cultivo para la siembra, cosecha y purificación de microorganismos y la obtención, por diversos métodos, del antígeno de interés. Todo esto se lleva a cabo mediante complejos procedimientos químicos y físicos.

Hasta aquí “todo bien”… pero hay cosas que no se dicen (al menos no en voz alta)

Lo anteriormente descrito representa una visión esquemática del proceso general de elaboración de vacunas tradicionales, es decir, basadas en el paradigma de atenuación de microorganismos patogénicos. Varios investigadores, a lo largo del tiempo (Andrew Wakefield, Thomas Verstraeten, Andrew Zimmerman, Theresa Deisher, entre otros), han reportado resultados que sugieren la relación y potencial causalidad entre las vacunas objeto de estudio y el aumento en la incidencia de casos de autismo entre otras disfunciones o enfermedades como ciertos tipos de cáncer, alzheimer, síndrome de fatiga crónica, entre otras, que afectan a poblaciones humanas enteras de diversos estratos etarios, geográficos y raciales, así como su aparición en períodos de tiempo diversos; esto es: corto, mediano y/o largo plazo. 

En relación a las vacunas tradicionales ya es conocido que los tejidos animales usados como sustrato para el cultivo de los patógenos pueden contener virus (ADN virus) o retrovirus (ARN virus) endógenos de la especie donante que activen mecanismos latentes de modulación o expresión genética en el huésped de la vacuna. En otras palabras, al aplicarse la vacuna se está protegiendo al huésped de un microorganismo patogénico determinado a costa de un riesgo significativo de desarrollar otra patología producto del “efecto colateral” ocasionado por dichos virus o retrovirus endógenos en el huésped, provenientes de los tejidos usados para cultivar los microorganismos. Si esta situación fuera debidamente notificada y se informara adecuadamente a la población el asunto se reduciría a la decisión final por parte del potencial usuario del producto (paciente/huésped). Sin embargo esto no se informa y los intentos que han habido para denunciar esta realidad han sido ocultados en reiteradas ocasiones. En ciencia se investiga lo que se desea investigar y la planificación de un estudio suele ser costosa en tiempo y recursos financieros, y finalmente, una vez que la investigación concluye esta debe ser revisada y publicada, y la publicación se realiza a través de portales (revistas o “journals” en inglés). Estos journals (al menos los más prestigiosos) no son muchos, y debido a sus políticas internas o “líneas editoriales” tienen la potestad de publicar o no ciertos papers (o publicaciones) o bien solicitar retractaciones o simplemente retirarlos de sus portales de consulta.

En infectología y parasitología hay un término denominado “zoonosis”, el cual se refiere a una infección transmitida de un animal a un ser humano. Este término se usa regularmente en un escenario de una infección espontánea o “natural”, sin embargo en el caso descrito en el párrafo anterior nos encontraríamos ante un escenario de una “zoonosis” (o “zooantroponosis” - término aún más específico) artificial o asistida mediante la vacunación.

Adicionalmente, en el proceso de manufactura de las vacunas tradicionales se emplean, dependiendo del tipo de vacuna, sustancias como mercurio, formaldehído, aluminio, entre otras, que, dependiendo de las dosis y estructura molecular, entre otros aspectos (que no viene al caso mencionar aquí) pueden resultar tóxicas o nocivas en el corto, mediano o largo plazo. 

Adicionalmente, en varias de las vacunas tradicionales se emplean células humanas fetales, tal es el caso de las células MRC-5 y WI-38, las cuales son obtenidas de niños abortados (ver listado de excipientes contenidos por vacunas en el propio portal de los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades (CDC) de los Estados Unidos de América. 

Por otro lado se encuentran las vacunas llamadas “recombinantes”, que en lenguaje plano son secuencias de ácidos nucleicos, es decir, cadenas de ADN o ARN diseñadas para actuar de alguna manera en la dinámica genética celular y facilitar la síntesis de anticuerpos de una manera más “limpia” o “directa” (por decirlo de alguna manera), evitando así la inoculación de microorganismos atenuados. Teóricamente este mecanismo tiene la ventaja de reducir algunos de los riesgos derivados del método clásico, sin embargo introduce un riesgo enormemente más alto: el de alterar la expresión y/o composición genética del individuo receptor.

El cuerpo humano, como sistema biológico, es una máquina de alto nivel, en la que sus atributos y funciones están determinadas por su genotipo o información genética específica. Nuestro material genético, presente en cada una de las células que conforman nuestro cuerpo, representan el “blueprint” o plano de construcción y funcionamiento a su nivel más primario. De allí nacen todas las instrucciones para construir, reparar y hacer funcionar nuestro cuerpo. Hasta ahora las vacunas actuaban a un nivel relativamente bajo en la “cadena de mando” de nuestro cuerpo: interactuaban con células maduras de nuestro sistema inmunitario, sin embargo, al tratarse de una “vacuna” recombinante la sustancia introducida a nuestro cuerpo participa directamente en la dinámica genética de nuestras células, en otras palabras, actúa directamente en el sector más elevado de la “cadena de mando” de nuestras células.

Lo preocupante es que al aceptar una vacuna (tradicional o recombinante) estamos aceptando la introducción a nuestro organismo de un grupo de sustancias complejas que actuarán potencialmente en cualquiera de los niveles de la “cadena de mando” de nuestro cuerpo, sin que nadie sepa realmente qué problemas actuales o futuros se puedan presentar en consecuencia.

Las compañías fabricantes de estas vacunas son empresas que tienen un enorme poder financiero y político y a lo largo de los años han aprendido a defenderse muy bien y a blindarse legalmente de una manera muy efectiva. Por lo tanto, la mejor forma de protegernos es mediante la toma de decisiones basadas en un razonamiento crítico sobre bases sólidas. No es tarea fácil, pero es posible. A fin de cuentas vale la pena, pues se trata de nuestra vida y la de nuestros seres queridos.

Las campañas de desinformación son abrumadoras y están promovidas deliberadamente para confundir y crear zozobra. Palabras como “anti-vacunas”, “microchip”, “esterilidad”, entre varias otras solo contribuyen a enrarecer el clima de la opinión pública, mezclando fantasía con realidad y sobrecargando nuestra atención con un bombardeo de noticias falsas salpicadas con cosas ciertas.

¿Existen otras alternativas?

Diversos estudios, y en muchos casos experiencia directa, han demostrado la efectividad de otras alternativas para el tratamiento de pacientes con COVID-19, tal es el caso del tratamiento antiinflamatorio con ibuprofeno y antigripales en etapas tempranas de la enfermedad, así como el uso de hidroxicloroquina en etapas más avanzadas, el dióxido de cloro (preparado y administrado adecuadamente), el remdesivir, el molnupiravir, por mencionar las más conocidas. Sin embargo, a pesar de la efectividad comprobada de estas opciones terapéuticas las compañías farmacéuticas se apresuraron desde el inicio de la pandemia en alistar sus vacunas movilizando para ello cientos de millones de dólares y preparando en paralelo los contratos con los distintos Estados del orbe para llevar a cabo su venta y uso en la población. 

Una promesa de salvación

Quizás nos sentimos tentados a vacunarnos por la misma razón por la que votamos, porque es una promesa de salvación; porque ante un panorama incierto preferimos “creer” o “tener fé” y sentimos la tentación de tapar nuestros ojos y oídos y esperar lo mejor con esperanza ciega. Quizás decidamos vacunarnos porque es “obligatorio” o simplemente como acto de fe.

Pero no debemos olvidar que las personas interesadas en que nos vacunemos son precísamente eso: personas, y como tales tienen sus propias agendas e intereses particulares; ¿o todavía creemos que lo hacen con un deseo genuino por nuestro bien?. Nada garantiza que un gobierno de un país actúe de manera íntegra, porque está conformado por personas, así como nada garantiza que una institución como la Organización Mundial de la Salud o la Federal and Drug Administration (FDA) actúen de manera íntegra, justamente porque están conformadas por personas.

Al vacunarnos le estamos abriendo las puertas de nuestro cuerpo al nivel más profundo: el molecular, para introducirnos sustancias que no sabemos qué contienen, ni cómo fueron preparadas ni con qué fines asociados. Decidir vacunarse está bien, pero que sea una decisión consciente y racional luego de haber evaluado lo mejor posible los riesgos y beneficios.

El negocio de las vacunas

De acuerdo a un informe de la OMS (Batson, 2016) el mercado de las vacunas facturaba alrededor de 6 mil millones de dólares en 2000 y 33 mil millones de dólares en 2014. Según la revista Fortune Business Insights, en un reporte publicado en el mes de julio de 2020, el mercado global de vacunas en 2019 fue de casi 47 mil millones de dólares con una estimación proyectada para el año 2027 de casi 105 mil millones de dólares.

Debido a las características propias del negocio de las vacunas este goza de un mercado cautivo de facto, principalmente por lo siguiente:

  • Los altos costos de inversión en infraestructura, tecnología y cadena de suministros.
  • La inelasticidad en la demanda, debido a su inafectación ante las variaciones de sus precios.
  • Los mecanismos coercitivos a favor de las campañas de vacunación accionados por los Estados.
  • La ignorancia, sumisión y conducta pasiva de un importante sector de la población.
  • La presión de poderosos lobbys de la industria farmacéutica con fuerte presencia en la estructura interna de los Estados a todos los niveles, así como en organismos supranacionales tales como la Organización de Naciones Unidas, la Comunidad Andina, entre otros, sistema bancario, cámaras de comercio, gremios industriales, etc.
  • El perfeccionamiento del blindaje jurídico de los consorcios farmacéuticos durante los últimos 40 años, por el aprendizaje continuo sobre la base de los mayores escándalos de demandas por daños y perjuicios ocasionados contra la salud de múltiples víctimas a lo largo de ese tiempo. 

Un caso emblemático de este último punto fue la formación del Tribunal Especial de Vacunas, establecido por la Ley Nacional de Lesiones por Vacunas Infantiles de 1986 en los Estados Unidos. Esta ley exime de responsabilidad a las compañías farmacéuticas por posibles daños o muertes ocasionados por vacunas a niños; además sólo permite la exigencia de la revelación de ciertos documentos confidenciales a las compañías fabricantes únicamente mediante la aprobación expresa del tribunal, entre varias otras características que favorecen a las compañías productoras de las vacunas. La formación de este tribunal se produjo como consecuencia del caso del fallo de un tribunal a favor de la niña Anita Reyes, quien en la década de los 70’s contrajo poliomielitis como consecuencia de la administración de una vacuna del laboratorio Wyeth (Mikovits, 2020).

Los peligros de las vacunas

Entre los peligros de las vacunas, dependiendo del tipo, están los siguientes:

  • La posible presencia de virus o retrovirus endógenos de los tejidos utilizados en su proceso de manufactura, los cuales tarde o temprano pueden activar enfermedades de diversos tipos tales como el cáncer, el alzheimer, autismo, entre otras; 
  • La posible presencia de agentes potencialmente tóxicos o nocivos como el aluminio, mercurio o formaldehído, entre otros; 
  • La presencia en algunos casos de material genético humano y/o no humano con los potenciales y no suficientemente estudiados efectos de alteración genómica y sus nefastas consecuencias, en el caso de vacunas con tecnología recombinante. 
  • En el caso particular de la vacuna contra el COVID-19 se suma el riesgo producto de la aceleración de su desarrollo. Tal es el caso de la denominada “Operación de velocidad warp” promovida por los departamentos de salud y de defensa de los Estados Unidos de América junto a la autorización de uso de emergencia por parte de su agencia sanitaria, la FDA. Cabe destacar que el término “warp” fue utilizado originalmente en la serie de ciencia ficción Star Trek refiriéndose a un sistema de propulsión de naves espaciales capaz de impulsarlas a varias veces por encima de la velocidad de la luz.

Un proceso típico de desarrollo de una vacuna tradicional puede tomar entre 10 y 20 años. Según la Oficina de Fiscalización Superior del gobierno de los Estados Unidos de América (U.S Government Accountability Office) se está acelerando enormemente este proceso para completar los pasos clave simultáneamente. Refiere que a partir del 15 de octubre de 2020, la “Operación velocidad warp” ​​anunció públicamente el apoyo financiero para el desarrollo o fabricación de seis candidatos a vacunas COVID-19 por un total de más de 10 mil millones de dólares en obligaciones. También anunció un apoyo financiero para el desarrollo de terapias, con un incentivo de 450 millones de dólares para fabricar un tratamiento con anticuerpos monoclonales (un tratamiento que utiliza anticuerpos fabricados en laboratorio, que también pueden servir como una opción de prevención). Así mismo señala que una autorización de uso de emergencia por parte de la FDA permite el uso de emergencia de productos médicos sin la aprobación o licencia de dicha entidad sanitaria durante una emergencia declarada, siempre que se cumplan ciertos criterios legales.

La propia Oficina de Fiscalización Superior reconoce que la evidencia para respaldar las decisiones de autorización terapéutica COVID-19 de la FDA no siempre ha sido transparente, en parte porque la FDA no divulga de manera uniforme su revisión científica de los datos de seguridad y eficacia, como lo hace con las aprobaciones de nuevos medicamentos y productos biológicos. 

Pero aún hay un problema quizás mayor: el precedente de dar acceso al nivel más profundo de nuestro organismo a sustancias que no sabemos con certeza qué contienen ni cómo se realizaron ni qué efectos adversos conlleven. 

El problema radica en que no se está informando adecuadamente a la población acerca de los riesgos asociados a estos productos e históricamente se ha ocultado información clave en detrimento del bienestar de toda la población mundial a favor de intereses particulares.

Una solución heurística a un problema de múltiples aristas

Como comenta el escritor mexicano Pablo Boullosa, existen dos tipos de problemas: los algorítmicos y los heurísticos. Los primeros pueden resolverse aplicando una serie de reglas definidas previamente, como por ejemplo una operación aritmética o la elaboración de un plato de comida. En cambio los segundos exigen imaginación, memoria inteligente, tentativas, improvisación, flexibilidad, criterio, toma de decisiones en contextos de incertidumbre, tolerancia a los errores, capacidad para reponerse del fracaso y sobre todo creatividad.

Indudablemente un enfoque heurístico es necesario para abordar un problema tan complejo y delicado como este.

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Bibliografía

Vaccine Excipient Summary. Excipients Included in U.S. Vaccines, by Vaccine
https://www.cdc.gov/vaccines/pubs/pinkbook/downloads/appendices/b/excipient-table-2.pdf

Global Vaccine Market. Global Vaccine and Immunization Research Forum.
Amie Batson. Chief Strategy Officer, PATH. March 2016
https://www.who.int/immunization/research/forums_and_initiatives/1_ABatson_Global_Vaccine_Market_gvirf16.pdf

Vaccines Market Size, Share & COVID-19 Impact Analysis, By Type (Recombinant/Conjugate/Subunit, Inactivated, Live Attenuated, and Toxoid), By Route of Administration (Parenteral and Oral), By Disease Indication (Viral Diseases (Hepatitis, Influenza, Rotavirus) and Bacterial Diseases (Meningococcal Disease), By Age Group (Pediatric and Adults), By Distribution Channel (Hospital & Retail Pharmacies) and Region Forecast, 2020-2027
https://www.fortunebusinessinsights.com/industry-reports/vaccines-market-101769

COVID-19: Federal Efforts Accelerate Vaccine and Therapeutic Development, but More Transparency Needed on Emergency Use Authorizations. November 2020.
U.S Government Accountability Office 

Mikovits, J. PhD and Heckenlively, K. JD.
“Plague of Corruption”. Skyhorse Publishing. 2020.

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